Y MI VOZ TE ACOMPAÑA

En el desayuno, mientras escuchaba una melodía de Louis Armstrong, uno de los mayores exponentes del jazz en el mundo, y sorprendido ante el peculiar timbre de su voz, me pregunté: “¿cómo es posible que haya personas con voces únicas e inconfundibles?”. Inmediatamente esta pregunta me remitió al título de un libro sobre otro gran exponente, pero esta vez, de la psicoterapia sistémica breve, Milton H. Erikson, nacido el 5 de diciembre de 1901.

“mi voz irá contigo” es un libro donde Sidney Rosen recopila una serie de cuentos didácticos que Milton H. Erikson utilizó en sus sesiones terapéuticas, que en  muy corto tiempo le permitió ganar  la confianza de sus pacientes, logrando impresionantes cambios  en la conducta de ellos. La sencillez y profundidad de sus estrategias lo hizo famoso ante los profesionales de la salud mental. Pero ¿cuál era el secreto de este hombre considerado como la mayor autoridad de la hipnoterapia y de la psicoterapia estratégica breve?

Desde muy temprana edad Milton H. Erikson sufrió los estragos de la poliomielitis que lo postró por largo tiempo en una cama. A muchas personas en la misma circunstancia, esto los llevaría a un estado de depresión. Para él, en cambio, representó la oportunidad de entender el comportamiento humano a través de la observación continua del lenguaje corporal.

Entender lo que nos comunica la otra persona no por lo que dice sino el cómo lo dice, nos evitaría engaños y malentendidos. La comunicación no verbal está presente en cada manifestación humana. El teatro al ser una recreación de nuestras conductas, hace evidente las posturas, los gestos y los tonos de voz.

Actualmente en diferentes áreas de la actividad humana, se le está dando importancia a la comunicación corporal, tal es el ejemplo en el área del derecho. Recientemente en el Estado de Puebla se implementaron Los Juicios Orales. Estos procedimientos jurídicos representan para los abogados el reto de sintetizar sus conocimientos frente a un juez, un jurado, indiciados y contrapartes utilizando en un porcentaje muy alto la expresión corporal.

El contacto más cercano que tenemos con el medio ambiente y por consiguiente con nuestra espiritualidad es a través del cuerpo y no de nuestras palabras.

“Y mi voz irá contigo” nos enseña que en la sencillez de un hombre sabio podemos reencontrarnos con el lenguaje inicial.

 

Hasta la próxima y que la dignidad nos acompañe.